“Academia de la Lengua: entre el poder y la desesperanza”, la respuesta de Odalis G. Pérez a Roberto Guzmán

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Santo Domingo, Rep. Dom._Las declaraciones publicadas por el señor Roberto Guzmán el domingo 4 de marzo en el periódico digital Acento, dan cuenta de lo mucho que este periódico ha contribuido al conocimiento de lo que es hoy y ha sido desde hace más de quince años la Academia Dominicana de la Lengua bajo la gobernabilidad del doctor Bruno Rosario Candelier.

El mismo R. Guzmán admite en sus aclaraciones que ningún periódico ha informado con tanta precisión y esmero sobre esta institución y sobre la crisis, manejo interno y acciones despóticas que corroen por dentro esta corporación.

El señor Roberto Guzmán es un miembro correspondiente nacional que vive fuera del país y “conoce” la academia por los informes que le suministran algunos amigos pertenecientes a la ADL. Sin embargo, el hecho de vivir fuera del país y conocer sólo una “versión” del problema lo alejan de la verdadera realidad y del funcionamiento anómalo creado por el actual director y su estrecho círculo en dicha corporación. El mal que atraviesa y corroe la ADL se debe al régimen de incertidumbre creado por el favoritismo dirigido a su estrecho grupo dentro de la ADL.

Roberto Guzmán, miembro de la Academia Dominicana de la Lengua

Los estatutos (viejos o nuevos), constituyen la carta funcional, ética y axiológica que rigen una institución. De manera que los mismos deben ir acompañados por un “código de ética” en beneficio de los miembros que, en el caso de la ADL deben ser sancionados y conocidos a cabalidad.

Pero los estatutos de la ADL han sido cambiados sin la participación  ni aprobación de una gran mayoría de sus miembros. Como los estatutos no han sido publicados de manera formal ni especial y mucho menos enviados para su debido conocimiento a los miembros, los mismos han funcionado hasta hoy como un arma para fabricar decisiones desacertadas y someter a los miembros al capricho del director actual de dicha corporación. Véase en este sentido las decisiones de homenajes, premios, celebraciones locales y otras acciones dirigidas a favorecer miembros que pertenecen al círculo cerrado del doctor Rosario Candelier o en su defecto, a políticos y personalidades con alta incidencia en el sistema de poder actual.

En todas las publicaciones de la ADL, la única figura sobresaliente como editor, director de proyectos, responsable de publicaciones y excesiva cantidad de publicaciones personales es la del actual director de nuestra corporación, que por cierto, el señor Roberto Guzmán la denomina también asociación y colegio (sic) en sus aclaraciones publicadas.

¿Por qué una institución tan ilustre y conformada con miembros de número, correspondientes nacionales y correspondientes extranjeros “sapientísimos” se encuentra atrapada hoy  entre el poder y la desesperanza?

Cuando una simple secretaria de una institución se involucra (o la involucran) en un proceso de selección que involucra la elección de un Miembro de Número, pidiendo votos a miembros discapacitados para apoyar la propuesta que satisface al director de nuestra corporación, la misma intrusión resulta  ilegal por intervenir sin derecho adquirido en un proceso para el cual no ha sido contratada o elegida por una asamblea o un cuórum o quorum, establecido con fecha cierta, y que puede o podría tomar  decisiones por estar conformado por una presencia suficiente y apta para decidir.

Quien esto escribe colecciona todos los informes, publicaciones y comunicaciones que envía mensualmente el director con publicaciones del círculo estrecho de sus colaboradores, y puedo decir que  jamás se me ha solicitado una colaboración para dicha publicación ni para el Boletín que se publica episódicamente como órgano informativo y consultivo de la ADL.

Pero esta situación es la misma para la gran mayoría de miembros de número de la ADL, sin que se corrija este oscuro proceder.

¿Existe una relatoría o documentación de las reuniones, muchas veces secretas y realizadas de espalda a la mayoría de los miembros de número y los miembros correspondientes de la ADL? En dos ocasiones me he dirigido a la secretaria Eloísa Ventura para la obtención de datos sobre algunas reuniones que me corresponde conocer y la respuesta ha sido: “Es con don Bruno que hay que hablar para eso”. Si en este momento cualquier miembro de la ADL solicita para su conocimiento las “relatorías” de las reuniones se encontrará con que las mismas o no existen o son incompletas y manipuladas.

Odalís G. Pérez, miembro de la Academia Dominicana de la Lengua

En una consulta realizada por nosotros en el 2016 a miembros de número y correspondientes nacionales sobre proyectos de investigación y sometimiento de los mismos para su aprobación, estos desconocían que se estuvieran desarrollando semejantes proyectos. Por ejemplo, ¿Cuándo, y mediante que tipo de reunión consultiva se aprobó que un solo investigador y autor escribiera por completo el Diccionario de símbolos y el Diccionario de mística dirigidos y escritos por el propio director de la ADL?

Este tipo de práctica intrainstitucional amenaza y puede castrar una institución que como la ADL tiene a su favor un extraordinario recurso humano y profesional subutilizado, debido al personalismo dogmático que la dirige.

Entendemos que la membresía de la ADL debe empoderarse y reclamar su derecho a la inclusión y al trabajo consciente en dicha corporación. Como ya hemos señalado públicamente  en múltiples ocasiones, la ADL debe periódicamente revisar sus planes de trabajo, sancionar nuevas propuestas, reclamar su derecho a la información y a la inclusión en las publicaciones que por derecho le pertenecen a la membresía y sobre todo el más importante derecho humano e institucional: el respecto al ejercicio del criterio.

Todo el esfuerzo para cohesionar dicha corporación debe estar dirigido a la integración democrática de sus miembros. De ahí que se tiene en estos momentos la percepción y escucha de nuevos pareceres o criterios de dirección que contribuyan al desarrollo de una de las instituciones  humanísticas y culturales más importantes de nuestra sociedad.

Se impone en la actualidad, revisar y activar un nuevo discurso institucional para el siglo XXI que lleve a cabo los objetivos beneficiosos para la puesta en marcha de los derechos lingüísticos, culturales y literarios del ciudadano de hoy, habida cuenta de los muchos problemas que enfrenta el hablante-ciudadano en el espacio público y cultural de nuestros días. En otro momento ofreceremos otras informaciones sobre malos manejos y trucos burocráticos favorecedores de las varias empresas de dominación de la actual directiva y el actual director.

Fuente: www.jornadapolitica.org

Autor entrada: www.jornadapolitica.org

www.jornadapolitica.org

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